La Muerte en batamanta.

Es evidente que la especie humana está, en estos momentos, metida en un buen lío. Y que ahora, toca plantearse cómo salir de él. Se supone que la situación requiere de un grado de madurez por parte de nuestra especie que esté a la altura del citado embrollo. Se supone…

Pero sobre esa madurez hay dudas más que razonables… Y una de ellas es la imagen de la muerte, por ejemplo. Un proceso biológico tan natural y común como puede ser el nacimiento, otra ruta más… y se representa desde tiempos inmemoriales con un esqueleto en albornoz, cabreao y con una guadaña mellada que se desplaza por ahí de noche, por lo (no) visto.

Alguien tuvo que idear eso… y ese alguien, se había fumao algo porque no razonó bien: La batamanta… ¿para qué? No tiene nada que tapar y frío no puede tener porque carece de fibras nerviosas que le lleven señales al cerebro, que tampoco tiene. Pasar desapercibido in the middle of the dark… ¿con una guadaña enorme?! Si además eso tiene que pesarle mucho a un esqueleto que no tiene músculos!! ¿Y si va sólo… cómo se las apaña para que le de tiempo a atender a tanta gente a la vez? Suponiendo que el tipo de oyentes al que se dirigía el de marketing de la época aceptara cuentitos esculpidos en relieves de imponentes construcciones o gritados con inquina desde púlpitos instalados para hacer eco, encima… ¿qué hace rulando en nuestros días esa imagen representativa? No… esa idea prestada es una chapuza desde el primer día y debió salir de la misma factoría de la que salió la cigüeña que trae los niños de París. Que esa es otra…

La parca es a la muerte, lo que la cocacola al refresco. Un éxito, sí; pero… es sano? No.

Los tiempos que transitamos exigen que evolucionemos, que nos desarrollemos; y no desde el aspecto económico o tecnológico, no… sino desde el de la madurez de la psiquis de la que hay que empezar a sacar la milenaria morralla mística ya carente de todo sentido, instalada con la nada dudosa intención de «meter el miedo» de forma eficaz y cruel. Este momento que transitamos exige que nos hagamos cargo de nosotros mismos y aprendamos a desarrollar las altas capacidades de las que estamos dotados y para las que estamos siendo preparados por una Realidad que está ahí para ser tenida en cuenta, no para ser rechazada. Lejos de permitir ser tratados como ingenuos crédulos e infantiloides merecemos tratarnos, por nuestra cuenta, como lo que somos: habitantes de un planeta donde se está llevando a cabo un proceso evolutivo altamente veloz en el que los perversos (y de pésimo gusto) referentes externos, caen. Todos. La situación merece que nos armemos con nuestras mejores galas mentales, psicológicas y psíquicas…

Y nosotros… con la muerte de esa guisa.

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