Qué hacer con un programa o creencia.

Casi todos hemos oído hablar de los programas y las creencias y de cómo nos manejan desde el inconsciente. Hay mucho dicho y escrito por lo que solemos tenerlo muy claro en el plano mental (lo entendemos) pero a la hora de llevarlo a cabo en el día a día, de llevar esa teoría a la práctica, la cosa cambia. Desconocemos cómo relacionarnos con ellos y sobre todo, cómo hacer con ellos. A los programas se les puede dar uso y sacarles mucho provecho. De hecho, es para lo que están.

Conviene saber que lejos de ser algo ajeno a mí, que me opera sin mi conocimiento, un programa es algo muy mío por la sencilla razón de que lo porto. Está en mí. Se basa en una información antigua que se repite y que ya no es práctica. Así que conviene actualizarla. Ahora bien: que esa info esté en mí y que yo sea eso, son cosas muy distintas. Y ahí está la gracia: lo que soy puede observar y gestionar lo que tengo (el programa). Gestionarlo significa hacerme cargo de él para ir retirándole la validez y su poder automático sobre mí; significa ponerme yo al mando y dejar que se expanda el límite que el programa me marca. ¿Cómo empezar? Dándome cuenta de que se ha activado, de que ha entrado en acción, por enésima vez…

Sé que se me ha activado un programa porque, algo sucede y me siento mal. Algo ocurre en el contexto y… boom! Todo comienza (por lo general) en mi plano mental. Ahí tiene lugar un pensamiento (o varios) que, al instante, pone en marcha todo un carrusel de argumentos, de imágenes, recuerdos, discursos, etc… Casi al instante, el plano emocional actúa desatando una descarga bioquímica. Siento una energía que me invade y que percibo como fea, desagradable, incómoda, dolorosa (pena, tristeza, enfado, frustración, decepción…). El recorrido de esa emoción tiene lugar en mi plano físico-biológico: mi cuerpo. Esa energía campa a sus anchas, se reparte y se instala en mi cuerpo en general y en ocasiones, en zonas muy concretas. Casi todos reconocemos cuando pasa porque se carga la cabeza, se acelera el corazón, sentimos tensión, sequedad de boca, un nudo en el estómago, calor interno, mareo y un largo etc: dependiendo de la intensidad con que este mecanismo suelte la carga acumulada.

Y es en estos momentos cuando quien soy, puede observar esto que tengo, que porto, que me está poseyendo… Si le permito salir para ver cómo funciona y cómo me afecta, puedo retirarle la validación y dejar que vaya des-cargándose; es como decirle: “yo no soy esto sino que estoy en modo “disgusto” y te siento así de mal” mientras le permito que “me invada” para consumirlo, en lugar de que me consuma eso a mí, como venía sucediendo hasta ahora. Traer conciencia a este momento, transformará esa información vieja y repetitiva (el programa) actualizándola por otra nueva que expanda ese límite que me imponía el programa. Respirar profundo mientras tiene lugar, aceptar y dejar que ocurra eso es fundamental. Es imprescindible que desde QUIEN SOY, yo ponga la intención de observarlo, respirarlo e incluirlo mientras se expresa a través de mí.

Conviene saber que cada vez que quiero quitármelo de encima, cambiarlo o permitirle estar para que así pueda obtener el resultado que yo quiero, interfiero en el proceso y la carga volverá. Una y otra vez (bucle). Y si vuelve, es que aun ha de ser atendida. Aprender a hacer esto es posible y fácil; incómodo pero fácil.

Texto de: María Fernández y Marian Olivera.

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