Una primera charla con la Realidad.

Hace poco la Realidad consideró darme un precioso mensaje que, ahora lo veo, llevaba tiempo tratando de entregarme.

Tuvo lugar un determinado acontecimiento que me hizo sentirme feliz. Muy, muy feliz. Al día siguiente a la misma hora y en el mismo sitio, tiene lugar un acontecimiento opuesto que me hace sentir muy desdichada. Muy, muy desdichada. 

En ese instante de shock solo pude darme cuenta de que en 24 horas había hecho un viaje hacia lo más alto para caer hacia lo más bajo, que me iba a “doler”. Así que viendo venir la hecatombe decidí prepararme: cancelé los compromisos de los dos días siguientes en la agenda; me aseguré de tener la comida ya hecha, llevé a cabo un par de recados pendientes… y me acosté, dejando una botella de agua a mano.

Sólo entonces hice lo único que podía hacer: soltar a la víctima. Lloré mientras me balanceaba en posición fetal, notando cómo se me revolvía el estómago, se me plantaba un enorme dolor de cabeza, sudaba y me sentía la persona más herida y desdichada del mundo.

En ese momento olvidé todo lo aprendido en años para aliviar una crisis, así que llegó la sensación de fracaso para reforzar a la ya instalada víctima. A nivel físico, emocional y mental, estaba arrasada y lo único sensato que pude decirme fue: “respira, respira…”. Esa sugerencia, claro, no venía de la víctima ni tampoco fue ella quien “respiró”.

Tras dormir unas horas me sentí mejor. Comí algo y le pedí a una persona de confianza que viniera y me permitiera contarle “mi culebrón” con la única intención de descargar presión. Sólo hablé yo desde mi personaje melodramático. La otra persona sabía que yo solo necesitaba ser escuchada para tal fin, incapaz de ver la historia desde otra perspectiva; el personaje me tenía “poseída”. 

Al día siguiente, más recuperada ya sí pude ver desde una nueva perspectiva que ese fuerte impacto puso en marcha una especie de mecanismo:

Recibo de repente una información con una fuerte carga altamente contradictoria.

Al momento, mi mente comienza a lanzar una implacable serie de imágenes y argumentos que originan una respuesta química de emociones que se instalan en distintas partes de mi cuerpo (calor en la cara, tensión muscular, náuseas, estrés…) 

Veo que mi biología me indica claramente qué puedo hacer: poca cosa; quedarme quieta y desahogar; así que decido ser coherente y preparo (porque puedo) el entorno para eso. 

Y permito que cada día, a través de mí, se exprese en cada momento aquello que puedo hacer, que alcanzo a hacer, para sentirme mejor (soltar).

El tercer día, me doy cuenta de otra cosa:  que el mecanismo visto, se ha repetido en el pasado en dos ocasiones. Un mecanismo que se activó tras una determinada experiencia gestada en 7 años, la primera vez; durante 3 años, la segunda; y esta tercera… en 3 meses. Este dato me permite pararme y evitar decidir tomar el habitual camino que había parecido lógico en otras ocasiones porque ahora veía que era una respuesta automática que no funcionaba. Que acababa siempre muy mal. Así que de nuevo decidí ser coherente y accionar en base a eso. ¿Qué hacer: lo de siempre? No. ¿Entonces…? No sé. Vale; pues no hago nada.

Nada excepto esperar a que la realidad se presente de nuevo. Porque ahora ya veo que me deja ver información que antes no veía. Ahora veo lo que son los puntos ciegos y cómo se encuentran los límites. Aunque luego se me olvide todo; pero ahora… algo he visto.

Siempre pensé que “hacer nada” era cosa de anacoretas o ermitaños. Pero nada más lejos de la verdad. Este “hacer nada” es una forma de accionar que consiste en dejar que la vida traiga las experiencias a la medida de mi necesidades para que pueda “ver” el recurso que la situación trae del otro lado y que resuelve el conflicto en sí. Dejar de intervenir en la realidad para intentar cambiarla según yo creo que ha responder a mis necesidades, para aceptar que ella me traiga lo que yo necesito: aprender a relacionarme con ella y obtener esos oportunos recursos. Obtener mas “espacio”, más calma, más claridad para tomar decisiones que solucionan y lo más importante para mí, descubrir lentamente qué es la Realidad; incluirla en mi día a día, tenerla en cuenta… como pueda, como sepa. Es un comienzo. Una intención de verla y de verme a mí misma de una forma diferente y asombrosa.

Esos recursos… de los que aún no sé ni cuántos son ni cómo funcionan pero de los que ya he tenido alguna muestra como la intuición y la anticipación, me han permitido transitar en sólo tres o cuatro días un impacto con tremenda carga que, en el pasado, transité a rastras durante muchos, muchos meses… Poco más puedo explicar con palabras: así, sí.

Gracias!

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